Naturaleza retarda desertificación

Naturaleza retarda desertificación

Operación RESCATALATOCHA

Por Pascal Thierry JANIN,

Presidente de la Asociación de Voluntariado Ambiental “El Espejuelo”.

 

Los atochares de la estepa íbera son sin duda los grandes olvidados de los paisajes singulares españoles. Su valor ambiental es, sin embargo, de interés capital para luchar contra los preocupantes cambios climáticos que el planeta está empezando a padecer.

Como planta, la atocha consigue crecer en suelos muy pobres y sin sombras, y es capaz de soportar largos periodos de sequías. Además, tiene una gran capacidad para fijar y crear suelos en terrenos desnudados y proporciona mayor resistencia a los territorios especialmente sensibles a la erosión.

Estas cualidades la capacitan para combatir el avance de la desertificación en el sureste de la península ibérica y debe considerarse el conjunto de atochares españoles y magrebíes como una de las mayores barreras naturales para poder contener el Sahara.

Desgraciadamente, la superficie total de atochares ha disminuido drásticamente en los últimos 50 años debido a una vertiginosa caída de la demanda de esparto. Esta cuestión ha sido el origen de unos profundos cambios en los usos de la tierra, propiciando la roturación de grandes superficies de atochares a favor de unos cultivos más rentables a corto plazo.

A largo plazo, estos cambios pueden promover la erosión de estos suelos y desembocar en su irremediable pérdida La planta que domina dichos extraños e infravalorados paisajes, la atocha, es capaz de sobrevivir sometida a temperaturas de entre aproximadamente -20º y +50º, expuesta a prolongados periodos de sequía y a una luz solar intensa, pudiendo además fijarse en terrenos extremadamente pobres. Estas cualidades la convierten desde luego en una de las candidatas idóneas a la hora de soportar los ambientes extremos que aquellos pronósticos vaticinan para aquellos territorios del interior andaluz.

También es importante destacar que, desde tiempos remotos, la utilización del esparto ha propiciado una fuerte interacción entre las personas que lo han explotado y las tierras en las que se ha extraído. Esta interacción ha ido conformando un tipo de paisaje muy peculiar, aunque muy desconocido para mucha gente. Con los siglos, la atocha ha ido acostumbrándose al acción del hombre que, a cambio de sus hojas, le ha proporcionado mayor vigor a través de la puesta a punto de técnicas de arranque que han tenido la peculiaridad de actuar sobre ella como si de una poda se tratará. Hoy, gracias a estas técnicas, el arranque del esparto no resulta en absoluto letal para la atocha, sino todo lo contrario: favorece su crecimiento.

Directamente relacionado con este hecho, otro de los problemas al que hasta ahora nadie ha querido confrontarse corresponde a la acumulación paulatina de hojas muertas (popularmente llamadas “reviejo”) en el pie de las atochas, un fenómeno que ha ido acentuándose en los últimos 50 años, época en la que se abandonó la explotación del atochar como consecuencia de la fuerte caída que el mercado del esparto empezó a registrar. En los peores casos, la acumulación de reviejo puede acabar por asfixiar a la planta, pudiendo a la larga poner en peligro la supervivencia del atochar, sobre todo teniendo en cuenta las condiciones climáticas que va a tener que soportar en los años venideros.

 

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